TODOS SOMOS CANARIAS
domingo, 15 de enero de 2006
Publicado por gerarball a las 13:21 | 0 Comentarios | Enviar
EL TEIDE NEVADO
Consecuencia de fenómenos vulcanológicos, tan en boga ahora, y de las teorías aportadas por otro colaborador de este rotativo El Mundo-La Gaceta de Canarias, Buenaventura Rodríguez la semana pasada en una primera parte, el que publica artículos referidos a poblamiento canario pre-hispano y su encuentro en diferentes momentos con europeos, en su virtud intentamos clarificar cuestiones al respecto. Nos dice, entre otras cosas, que los aborígenes -(¿pero qué aborígenes?)- no conocían la navegación, y que posiblemente fueron trasladados -(¿cuándo? En pleno paleolítico, neolítico, durante el dominio fenicio, romano, vándalo, árabe...)- hasta estas Islas.
No podemos dar conceptos genéricos sin más. La ciencia histórica sin cronología nunca constituye una serie continuada de acontecimientos, claro que ordenados y sistematizados. No es lo mismo el proceso poblacional que pudo tener lugar hace 4-5 mil años, que otros en los siglos I-III o en el periodo VI-VIII de nuestra Era (o el que nos invade ahora).
Se añade otro incentivo para dicha ocupación humana en el remoto pasado hasta estas Islas Canarias desde el vecino continente africano, sin descartar otros elementos complementarios con otros orígenes poblacionales que aportarían otras etnias. Aquellos que forzados por una navegación aventurada sin retorno permanecieron en cualquier parte de este territorio y, por fijar un hito cronológico, hasta la llegada de los normandos a Lanzarote en 1402. Y nada más apropiado para justificar tales eventos que un detenido estudio sobre el protagonismo geográfico y de referencia que nuestro Teide tuvo sobre aquellos nuestros primigenios visitantes base poblacional para muchos de los canarios de hoy.
El atractivo que impone esta montaña nevada (o en ignición) debió ser más intenso en la remota antigüedad por referencias religiosas (el Dios Echeide para los aborígenes o maléfico e infernal para otros), y que el profesor Tejera Gaspar en el libro “La Religión de los Guanches. Ritos, mitos y leyendas”, editado por José Luis Concepción en 1988, hace exhaustiva referencia al mismo.
Atracción aquella que se convierte en motivación necesaria para la arribada y asentamiento de los diferentes estratos poblacionales, antiquísimos moradores en estas islas, pudiéndose aventurar cronologías próximas a dos milenios AC (los creto micénicos atravesaban las Columnas de Hércules hacia las Casitérites, hoy Reino Unido, en torno a tales fechas). La visión de tal inmensa mole, desde el mar o desde las estribaciones montañosas de las costas africanas próximas en ciertos días del año, sería una referencia obligatoria para aquellos visitantes. El litoral africano próximo, asiento de diferentes culturas y poblaciones, antiguo vergel en torno a 10-8 mil años AC, se convertía paulatinamente en el hoy desierto con apenas vida vegetal y animal propia. Aquella desecación progresiva queda probada científicamente, con ciertos periodos de recuperación, a través de las estratificaciones polinológicas fósiles, o por osamentas de animales que hoy ocupan el hábitat tropical y ecuatoriano de África.
Ya fuera por necesidad física o de conquista para aquellos procedentes del vecino continente, a través del Magreb o del mismo mar. O tal vez la búsqueda de asentamientos más seguros por hostilidad del medio sin descartarse otros, cronológicamente más actuales, con origen en la cuna de las culturas del Mediterráneo oriental. Aventureros o comerciantes de Creta, Grecia Antigua, Prospectores de metales, Egipto, Pueblos del Mar con fuerte presión en la zona, más tarde fenicios, griegos, cartagineses, romanos en continuas expediciones marítimas para ejercer el comercio o la conquista de puertos o asentamientos, que se extendían más allá del Estrecho de Gibraltar a poco más de mil kilómetros de este Archipiélago. Expediciones navales hacia el sur bordeando el continente africano que a la altura de Cabo Jubi (si no antes), intuían la presencia de nuestras islas. Ya que en días determinados, claros y sin calígene (calima), divisaban la impresionante mole blanca de nuestro Teide nevado la mayor parte del año en aquellas fechas, más visible desde el Norte geográfico y contundente referencia para la arribada (sin descartar el atractivo o curiosidad mítica).
La visión de nuestro monte es descrita por un navegante veneciano al servicio de la Corona de Portugal, Nicola de Reco, a principios del siglo XIV (con dominio territorial en este Archipiélago en aquellos momentos), en viaje por las islas, dice: “Tenerife es la más poblada y es la isla más elevada del Mundo, pues se la ve desde muy lejos, desde alta mar con tiempo claro y algunos marineros aseguran haberla visto a 60 leguas españolas (250 venecianas)”, que equivalen a unos 300 kilómetros (la distancia hasta el anti atlas africano o hasta la costa sahariana). Y añade: “del centro de la Isla se eleva hasta las nubes una montaña en punta de diamante…” ¿reflectante? O que arde sin cesar ¿en ignición? (El Teide en sus frecuentes erupciones con escorias a gran altura, podría ser visto desde la costa africana próxima e incluso desde Tinduf, a pesar de la curvatura terrestre).
Esta localización lejana de nuestro Monte, en ciertos días del año, lo corrobora igualmente los textos árabes y lo que es más seguro: los navegantes de hoy. Preguntar a un piloto de aviación desde dónde vislumbra el Teide en la aproximación a Canarias. Apuntan: desde quinientos kilómetros o más, en diagonal desde lo alto a 10 mil metros.
Por todo ello, si las embarcaciones a remo e imperfecta vela viajaban por todo el Mediterráneo e incluso se aventuraban en el Océano Atlántico (Gadir o Tartessos), más razones existen para creer que estos pueblos u otros de similar cultura visitarían estas islas en cronologías paralelas. La búsqueda de pesquerías en la cercana costa africana con abundante y fácil extracción. El oro, madera, esclavos, está demostrado para fenicios y cartagineses, más tarde romanos y, sin lugar a duda razonable, el Teide constituiría la orientación y guía lógica para la arribada, aunque fuera en otra isla una vez oteado y fijada la posición.
Superada la navegación primitiva sobre troncos amarrados a modo de grandes almadías (tal vez usadas en las primeras expediciones hasta aquí), la vela fue un invento datado en cuatro mil años antes de Cristo. El Mediterráneo se surcaba como algo cotidiano para el comercio del momento, por lo que en embarcaciones a remo con ayuda de vela la distancia no excesiva para aquellas épocas entre la actual ciudad de Tánger y Canarias, sería fácilmente superada con el viento alisio a favor y sin perder la vista a la costa africana. Existen otras teorías en torno a las fuertes corrientes marinas dominantes entre estas Islas y África, hoy fácilmente desvirtuadas por el fenómeno de las pateras de inmigrantes ilegales que nos invaden por todo el este de nuestro territorio.
Analizamos ahora, para la referida teoría sobre poblamiento canario anterior a la llegada de pueblos y culturas europeas, el periodo cronológico que sigue a la época clásica, cambio de la Era e imperio romano. Resulta difícil abordar esta etapa por su misma oscuridad documental. Las fuentes históricas se diluyen para quedar limitadas a las referencias de los mismos autores latinos, harto mencionados. Se hacen totalmente nulas a partir del acceso de los pueblos nórdicos, llamados Bárbaros, que invaden las fronteras limítrofes del imperio romano de occidente, fundamentalmente a partir del siglo III de nuestra Era.
No obstante, durante los inicios del siglo V, uno de los pueblos invasores en la provincia romana de Hispania se sitúa en la Bética dominando la zona a pesar de la fuerte resistencia de la población hispano romana. Más tarde, a partir del año 428, unos ochenta mil germanos al mando del caudillo Genserico, una vez construida una potente escuadra naval, cruzan el estrecho de Gibraltar y se trasladan hasta el Norte de África con intención de conquistar la Mauritania romana. Logran su dominio y consolidación en poco tiempo ocupando militarmente toda la zona norte limítrofe con los asentamientos de pueblos autóctonos: los beréberes que se extendían desde el actual Marruecos hasta Sahara ex español y Mauritania. Pese a la resistencia armada de las fuerzas romanas, nobleza y clero, la ocupación se llevó a cabo no sin violencia contando con la simpatía y colaboración de algunos grupos religiosos (los donatistas) y de población originaria.
La autocracia del reino vándalo del Norte de África, dotado de fuerte ejército y armada, persiguió cruelmente a los beréberes (no descartándose su presencia como otro estrato poblacional más en Canarias por tal motivo)
La ocupación de estas tierras bajo el control de nuevos conquistadores: los bizantinos y por antiguos propietarios romanos, dio lugar a la expulsión de muchos de los vándalos vencidos que optaron por huir hacia las zonas del sur de influencia bereber, ahora amigos, con los que mantuvieron magníficas relaciones e incluso colaboraron en revueltas contra los invasores, venciendo en algunas escaramuzas con asesoramiento germano.
Estos pueblos se mantienen hasta la llegada de los árabes en el siglo VI y VII. A partir de aquí parte la teoría defendida por el escritor y viajante alemán Franz Von Loeher, cuando a finales del siglo XIX escribe un libro sobre la presencia de germano-vándalos en Canarias. Basado en la semejanza somática de algunos aborígenes, ojos claros y pelo de color rubio, fue el principal argumento para emparentar estas poblaciones con otros de origen centroeuropeo a lo que añade presuntas semejanzas lingüísticas (menos probable)
Tal hipótesis es desvirtuada, en la introducción al facsímile del libro publicado por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, cuyo autor Antonio Tejera Gaspar, dice: “Los dos supuestos sobre los que fundamenta sus teorías científicas: la semejanza antropológica y la lingüística para explicar ese posible poblamiento, no poseen en la actualidad ninguna base científica y han de catalogarse dentro de las explicaciones raras y curiosas sobre Canarias”. Sin embargo, fue esta una teoría muy extendida entre los ambientes científicos del siglo romántico.
El aspecto somático no es determinante como argumento ya que poblaciones prehistóricas de tipo cromagnon en especial el Mecha El Arby, de sustrato mucho más antiguo que ya ocupaban sectores del norte de la actual Argelia, llegados desde el sur de Italia o a través del corredor de Palestina.
El científico austriaco conocedor de nuestra cultura, D.J, Wölfel sitúa esta área como lugar importante de existencia o de componentes de poblaciones európidas (emparentando de esta forma poblaciones canarias con las de ámbito magrebí) apreciando considerable número de individuos de las mismas características que las apuntadas para los vándalos norteafricanos y que considera una étnica multirracial con origen cromagnon, con cruzamientos de origen semita y bereber, así como con los árabes dominantes a partir del siglo VI de nuestra Era.
Esta teoría la corroboran otros muchos antropólogos y científicos de nuestras Islas, en especial el gran canario Millares Torres. Sin embargo, siempre tenemos en el tintero alguna observación personal a mi apreciado amigo el profesor Antonio Tejera Gaspar (aunque mi licenciatura y especialidad es la Historia Contemporánea) y que al igual que otro buen amigo, el polifacético Elfidio Alonso Quintero que escribe un artículo sobre este mismo asunto titulado “Vándalos y Guaraches”, se apunta que no es descartable ni descabellada la teoría de Von Loeher respecto a la arribada forzada de restos de la referida población vándala expulsada en el siglo VI desde el norte de África por: Razones de proximidad geográfica, estar en posesión de restos de una gran escuadra naval que utilizaban con gran experiencia y conocimiento previo de la existencia y situación exacta de las Islas Canarias. Concebían la idea que ya tuvo el general romano Sertorio, al ser derrotado en Hispania (fin siglo I AC) de ocupar estas nuestras islas cuya existencia era conocida.
Loeher en su libro nos dice: “una vez que fueron vencidos por el general bizantino Belisario huyeron hacia las montañas del Atlas y cómo las hallaran tan poco hospitalarias, se vinieron por un lado entre las montañas y el mar Atlántico y por otro lado el desierto sahariano. Los primeros seguirían dirección al sur hasta cabo Ger, situado frente a Canarias”, añadiendo que como el pueblo vándalo había sostenida largas y duras contiendas con los berberiscos, esta relación seguiría siendo difícil. Perseguidos sin tregua y expulsándoles incesantemente del territorio, a los que se sumarían más tarde los pueblos árabes y nuevos conquistadores, es por lo que, continúa el autor “ante tal panorama y la huida imposible a través del inmensurable y desconsolador desierto a la espalda que les impedía continuar más allá y toda vez que alejándose un poco de la costa “podían ver brillar (sic) cuando el cielo estaba despejado, el Pico de Tenerife cubierto de nieve y descollando como un gigante sobre la superficie del mar”, dicho proyecto tomaría forma.
Obligados por la necesidad y haciendo uso de larga experiencia naval construyeron barcas o enormes balsas de madera, que abundaría por aquellas fechas, o de troncos de palmeras semisecas y con ayuda de remo o vela, con calma y viento de brisa favorable, con las islas orientales a la vista, realizaron la travesía no dificultosa para el autor de la teoría, que repetimos compartimos con este supuesto y para otros anteriores previsibles en cuanto se refiere a poblamiento antiguo de este Archipiélago. Para corroborar lo expuesto añadimos el contenido de un texto árabe del siglo XIII, Al Magribí, Ed. Cairo 1949, que recoge Juan Vernet en el número 17 de Anuario Estudios Atlánticos, cuando dice: “ Y en el océano están las siete islas eternas, situadas al Oeste de la ciudad de Salé. Aparecen visibles a simple vista en un día despejado de atmósfera y sin calígene…”.
En cuanto a pobladores de origen nórdico no es raro encontrarles en las mismas fuentes árabes, Al Idridi, siglo XI, que nos dice para el relato de los magruinos “… encontraron otra Isla, tal vez refiriéndose a Gran Canaria, donde vieron hombres de gran estatura, rubios casi pelirrojos, Serra Rafols traduce como de color rojo, con poco pelo y cabello laso y las mujeres de una rara belleza”.
Nos preguntamos: ¿eran descendientes vándalos (germanos del siglo VI – VII), o eran elementos rubios procedentes de sustratos anteriores como los aparecidos en el norte de Argelia, identificados también en el Rif, Atlas marroquí o Aurés, ramificación nórdica emparentada con beréberes, que desde tiempos remotos ocupaban el territorio?
Elementos rubios con ojos claros habitaban estas islas a la llegada de los castellanos y que la Doctora Falkenburger reconoció en un estudio con alto porcentaje, con grupos de cinco tipos diferentes, para la población prehispánica. No olvidemos tampoco la proximidad de estas islas a las rutas navales europeas inmediatamente posteriores al inicio de la Era cristiana, pero en especial a partir del siglo V.
Si bien, como en la primera parte de este artículo aludimos a otro estudioso en este poco conocido poblamiento, Buenaventura Rodríguez, biólogo, considerar un poco descabellada su teoría de llegada “a pié” por continuidad geográfica con África en una de las cuatro grandes glaciaciones del Cuaternario que, efectivamente, hicieron bajar considerablemente el nivel del agua del mar. Pero para ello habríamos de retrotraernos a cronologías remotísimas con seres antropomorfos ya con cierto grado de inteligencia (no las del neolítico que apunta). Para ello hemos de acudir a la información científica que publicó
Analizamos ahora, para la referida teoría sobre poblamiento canario anterior a la llegada de pueblos y culturas europeas, el periodo cronológico que sigue a la época clásica, cambio de la Era e imperio romano. Resulta difícil abordar esta etapa por su misma oscuridad documental. Las fuentes históricas se diluyen para quedar limitadas a las referencias de los mismos autores latinos, harto mencionados. Se hacen totalmente nulas a partir del acceso de los pueblos nórdicos, llamados Bárbaros, que invaden las fronteras limítrofes del imperio romano de occidente, fundamentalmente a partir del siglo III de nuestra Era.
No obstante, durante los inicios del siglo V, uno de los pueblos invasores en la provincia romana de Hispania se sitúa en la Bética dominando la zona a pesar de la fuerte resistencia de la población hispano romana. Más tarde, a partir del año 428, unos ochenta mil germanos al mando del caudillo Genserico, una vez construida una potente escuadra naval, cruzan el estrecho de Gibraltar y se trasladan hasta el Norte de África con intención de conquistar la Mauritania romana. Logran su dominio y consolidación en poco tiempo ocupando militarmente toda la zona norte limítrofe con los asentamientos de pueblos autóctonos: los beréberes que se extendían desde el actual Marruecos hasta Sahara ex español y Mauritania. Pese a la resistencia armada de las fuerzas romanas, nobleza y clero, la ocupación se llevó a cabo no sin violencia contando con la simpatía y colaboración de algunos grupos religiosos (los donatistas) y de población originaria.
La autocracia del reino vándalo del Norte de África, dotado de fuerte ejército y armada, persiguió cruelmente a los beréberes (no descartándose su presencia como otro estrato poblacional más en Canarias por tal motivo)
La ocupación de estas tierras bajo el control de nuevos conquistadores: los bizantinos y por antiguos propietarios romanos, dio lugar a la expulsión de muchos de los vándalos vencidos que optaron por huir hacia las zonas del sur de influencia bereber, ahora amigos, con los que mantuvieron magníficas relaciones e incluso colaboraron en revueltas contra los invasores, venciendo en algunas escaramuzas con asesoramiento germano.
Estos pueblos se mantienen hasta la llegada de los árabes en el siglo VI y VII. A partir de aquí parte la teoría defendida por el escritor y viajante alemán Franz Von Loeher, cuando a finales del siglo XIX escribe un libro sobre la presencia de germano-vándalos en Canarias. Basado en la semejanza somática de algunos aborígenes, ojos claros y pelo de color rubio, fue el principal argumento para emparentar estas poblaciones con otros de origen centroeuropeo a lo que añade presuntas semejanzas lingüísticas (menos probable)
Tal hipótesis es desvirtuada, en la introducción al facsímile del libro publicado por la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, cuyo autor Antonio Tejera Gaspar, dice: “Los dos supuestos sobre los que fundamenta sus teorías científicas: la semejanza antropológica y la lingüística para explicar ese posible poblamiento, no poseen en la actualidad ninguna base científica y han de catalogarse dentro de las explicaciones raras y curiosas sobre Canarias”. Sin embargo, fue esta una teoría muy extendida entre los ambientes científicos del siglo romántico.
El aspecto somático no es determinante como argumento ya que poblaciones prehistóricas de tipo cromagnon en especial el Mecha El Arby, de sustrato mucho más antiguo que ya ocupaban sectores del norte de la actual Argelia, llegados desde el sur de Italia o a través del corredor de Palestina.
El científico austriaco conocedor de nuestra cultura, D.J, Wölfel sitúa esta área como lugar importante de existencia o de componentes de poblaciones európidas (emparentando de esta forma poblaciones canarias con las de ámbito magrebí) apreciando considerable número de individuos de las mismas características que las apuntadas para los vándalos norteafricanos y que considera una étnica multirracial con origen cromagnon, con cruzamientos de origen semita y bereber, así como con los árabes dominantes a partir del siglo VI de nuestra Era.
Esta teoría la corroboran otros muchos antropólogos y científicos de nuestras Islas, en especial el gran canario Millares Torres. Sin embargo, siempre tenemos en el tintero alguna observación personal a mi apreciado amigo el profesor Antonio Tejera Gaspar (aunque mi licenciatura y especialidad es la Historia Contemporánea) y que al igual que otro buen amigo, el polifacético Elfidio Alonso Quintero que escribe un artículo sobre este mismo asunto titulado “Vándalos y Guaraches”, se apunta que no es descartable ni descabellada la teoría de Von Loeher respecto a la arribada forzada de restos de la referida población vándala expulsada en el siglo VI desde el norte de África por: Razones de proximidad geográfica, estar en posesión de restos de una gran escuadra naval que utilizaban con gran experiencia y conocimiento previo de la existencia y situación exacta de las Islas Canarias. Concebían la idea que ya tuvo el general romano Sertorio, al ser derrotado en Hispania (fin siglo I AC) de ocupar estas nuestras islas cuya existencia era conocida.
Loeher en su libro nos dice: “una vez que fueron vencidos por el general bizantino Belisario huyeron hacia las montañas del Atlas y cómo las hallaran tan poco hospitalarias, se vinieron por un lado entre las montañas y el mar Atlántico y por otro lado el desierto sahariano. Los primeros seguirían dirección al sur hasta cabo Ger, situado frente a Canarias”, añadiendo que como el pueblo vándalo había sostenida largas y duras contiendas con los berberiscos, esta relación seguiría siendo difícil. Perseguidos sin tregua y expulsándoles incesantemente del territorio, a los que se sumarían más tarde los pueblos árabes y nuevos conquistadores, es por lo que, continúa el autor “ante tal panorama y la huida imposible a través del inmensurable y desconsolador desierto a la espalda que les impedía continuar más allá y toda vez que alejándose un poco de la costa “podían ver brillar (sic) cuando el cielo estaba despejado, el Pico de Tenerife cubierto de nieve y descollando como un gigante sobre la superficie del mar”, dicho proyecto tomaría forma.
Obligados por la necesidad y haciendo uso de larga experiencia naval construyeron barcas o enormes balsas de madera, que abundaría por aquellas fechas, o de troncos de palmeras semisecas y con ayuda de remo o vela, con calma y viento de brisa favorable, con las islas orientales a la vista, realizaron la travesía no dificultosa para el autor de la teoría, que repetimos compartimos con este supuesto y para otros anteriores previsibles en cuanto se refiere a poblamiento antiguo de este Archipiélago. Para corroborar lo expuesto añadimos el contenido de un texto árabe del siglo XIII, Al Magribí, Ed. Cairo 1949, que recoge Juan Vernet en el número 17 de Anuario Estudios Atlánticos, cuando dice: “ Y en el océano están las siete islas eternas, situadas al Oeste de la ciudad de Salé. Aparecen visibles a simple vista en un día despejado de atmósfera y sin calígene…”.
En cuanto a pobladores de origen nórdico no es raro encontrarles en las mismas fuentes árabes, Al Idridi, siglo XI, que nos dice para el relato de los magruinos “… encontraron otra Isla, tal vez refiriéndose a Gran Canaria, donde vieron hombres de gran estatura, rubios casi pelirrojos, Serra Rafols traduce como de color rojo, con poco pelo y cabello laso y las mujeres de una rara belleza”.
Nos preguntamos: ¿eran descendientes vándalos (germanos del siglo VI – VII), o eran elementos rubios procedentes de sustratos anteriores como los aparecidos en el norte de Argelia, identificados también en el Rif, Atlas marroquí o Aurés, ramificación nórdica emparentada con beréberes, que desde tiempos remotos ocupaban el territorio?
Elementos rubios con ojos claros habitaban estas islas a la llegada de los castellanos y que la Doctora Falkenburger reconoció en un estudio con alto porcentaje, con grupos de cinco tipos diferentes, para la población prehispánica. No olvidemos tampoco la proximidad de estas islas a las rutas navales europeas inmediatamente posteriores al inicio de la Era cristiana, pero en especial a partir del siglo V.
Si bien, como en la primera parte de este artículo aludimos a otro estudioso en este poco conocido poblamiento, Buenaventura Rodríguez, biólogo, considerar un poco descabellada su teoría de llegada “a pié” por continuidad geográfica con África en una de las cuatro grandes glaciaciones del Cuaternario que, efectivamente, hicieron bajar considerablemente el nivel del agua del mar. Pero para ello habríamos de retrotraernos a cronologías remotísimas con seres antropomorfos ya con cierto grado de inteligencia (no las del neolítico que apunta).

Por Miguel Leal Cruz
[25/02/2005]
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