El origen de los habitantes de Canarias se mantiene aún como
un misterio aunque las tesis científicas aseguran que hay datos que pueden
verificar que procedían de los bereberes del norte de África. Sin embargo, la
prueba del ADN no ha logrado aún descifrar este misterio. El profesor del Área
de Genética de la Universidad de La Laguna (ULL), José María Larruga Riera, ha
participado en un estudio de ADN en poblaciones humanas canarias y explica que
se ha encontrado unos haplotipos (que es la constitución genética de un
cromosoma individual) específico de los canarios pues se ha encontrado en los
aborígenes y en los actuales pero que no existe en otros lugares del mundo.
Estos haplotipos se denominan U6b1 y están presente entre el 40 y el 70 por
ciento del ADN mitocondrial de los canarios, "lo que no podría equipararse
a porcentaje de canarios con origen guanche u otras comparaciones
similares", insiste el profesor y remarca que este haplogrupo sirve para
poder buscar, por medio de técnicas genéticas, de dónde procedían los primeros
pobladores de las Islas. Sin embargo, aunque se tenga la clave genética los
investigadores de la ULL no han logrado encontrar ese origen. "Hemos hecho
estudios en miles de muestras de bereberes, mauritanos...y otras poblaciones y
no hemos encontrado aún el U6b1" que, curiosamente, se encuentra en
canarios de todas las islas. Ante esto, la incógnita sigue abierta y es posible
que no se cierre nunca porque "puede ser que ese grupo de haplotipos se
haya perdido", remarca el investigador.
Para llegar a estos datos, la ULL ha hecho un completo estudio utilizando
restos humanos de las momias aborígenes que se han hallado en distintos
yacimientos de las Islas. También se ha estudiado ADN de la población actual y
extraído de restos humanos de los siglos XVII y XVIII que se obtuvieron del
cementerio que se encontró en la iglesia de la Concepción en La Laguna y que se
descubrió con el inicio de las obras de reforma de este edificio.
En general, el ADN que se utiliza se extrae de los dientes que es donde mejor
se conserva. Luego, se amplifica y se secuencia para poder comprobar las
características que tiene para, posteriormente, comparar entre las distintas
muestras. En estos casos, se comprobó que en los tres grupos estudiados
(aborígenes, siglo XVII-XVIII y actuales) había los mismos haplotipos, algunos
que también están presentes en la cuenca mediterránea y otros como el
específico.
La Opinión de Tenerife