El Ministerio de Igualdad está llamado a revolucionar la semántica lingüística del sexismo con un nuevo enfoque que formará parte de la política del Gobierno del Estado. La ministra Bibiana Aído ya lo ha utilizado en uno de sus discursos.
Es sabido que el término no figura en el diccionario en el Diccionario de la RAE y, resulta obvio, que para muchos escritores e incluso algún “carcamal” de la Academia de la Lengua Española lo califique de estupido y aberrante al ser considerado, con supina parcialidad, de error gramatical pero… que la realidad de tanto rechazo y critica se debe principalmente a determinadas connotaciones machistas y de disconformidades políticas, que han llegado a calificarlo de feminismo salvaje, por todos aquellos que no están de acuerdo con la existencia de este Ministerio ni con el Gobierno de Rodríguez Zapatero y que, posiblemente desean que se vuelva a la sumisión de la hembra al macho y, ¡apurando la copa hasta el final! desearían la implantación de “derecho” de pernada.
El tal calificado como error gramatical que ha suscitado tal polémica y hostilidad hacia el Gobierno del Estado y a una ministra que lo ha utilizado, no como ignorancia lingüística sino como arma para igualar al hombre y la mujer, según establece la Constitución. Comprendemos que haya personajes que se rasguen las vestiduras cuando estamos hartos de ver como la RAE, recogiendo el lenguaje popular ha ido introduciendo en el Diccionario vocablos como ellos, y ellas, alumnos y alumnas, compañero, compañera, literato, literata y…. , además, infinidad de anglicismos
Es sabido que el lenguaje se ha creado por el hombre y tenía como objeto la superioridad del hombre sobre la mujer y no exageramos si decimos que todos aquellos, que en sus cerrazones machistas consideran incorrecto el uso de la palabra “miembra” porque desestiman que la corrección en Gramática debe ser un valor absoluto, pues, pasan por alto el que somos los hablantes los que configuramos el lenguaje. Somos nosotros los que tenemos la palabra y, por tanto, el poder para modificarla.
Otra cosa muy diferente a lo que estamos exponiendo es que este tema esté sirviendo, como ocurre en demasiadas ocasiones, para alcanzar fines políticos y como cortina de humo para tapar la desestabilización económica, que nada tiene que ver con lo correcto o no del lenguaje y la semántica del mismo
Nos da la impresión que todos estos “baladrones” contrarios al uso del nuevo vocablo de “miembras” no se dan cuenta que desde aquello del artículo 14 de la Constitución que consagra:”Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, razón, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, luego vemos que cuando se habla de españoles, no se dice para nada españolas pero… sin embargo nos hemos acostumbrada a decir”: ciudanos y ciudadanas y no por ello estamos excomulgando a nadie.
Según nosotros entendemos la Gramática, el lenguaje, se va fabricando a diario por el pueblo, con sus expresiones y modismos, aunque a veces nos puedan resulta extraños, pero para eso están los Académicos de la RAE, que son los que liman y dan brillo a cualquiera de los sistemas que emplean los hombres y las mujeres para comunicar y representar a sus semejantes, sentimientos o ideas, pues, ahora con esto del “miembro” ¿y por qué no de la miembra?” ciertos y determinados “puristas” han puesto el grito en el cielo para más adelante decir: donde dijimos Diego quisimos decir digo, pues de lo que se trata para ellos y agarrarse a un clavo ardiendo con tal de descalificar el Gobierno de Rodríguez Zapatero.
Bastaría reconocer que somos capaces de dejar a un lado la incomodidad que pueda producirnos el vocablo para dar comienzo al entendimiento y así poder estar más a gusto con la Gramática y los nuevos modismos que, pese a quienes pesen, terminaran imponiéndose., pues ese aparente malestar que se produce en el lenguaje, es un episodio más en la manera de expresarse. Lo que importa ahora no es la cuestión del miembro viril, si es masculino o femenino, sino el fondo del objetivo igualatorio.
El machismo del que venimos y del que en gran medida continuamos instalados, no tenga repercusión en el habla ya que todo lo que acontece se manifiesta en palabras que pronuncia quien tiene el poder: el pueblo soberano.
Fidel Campos Sánchez
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