Que nadie se equivoque al defender la canariedad y el concepto de nación y su soberanía, pues, de un pueblo como el canario que hemos visto salir a la calle ondeando la bandera española y gritando ¡VIVA ESPAÑA!, con motivo de ese encuentro futbolístico de tipo europeo y que, para mayor desvergüenza el día anterior y los posteriores, a los no nacidos aquí nos llaman godos y ellos se consideraban “nacionalistas” canarios, muchos de los cuales estamos integrados, hemos procreado con canarias y, además, hemos contribuido al actual mestizaje, mezclando cual canarios de integración nuestros genes con la nobleza de las mujeres autóctonas, que es lo que ha venido ocurriendo desde la conquista y desde los primeros nacimientos que a partir de 1530 aparecen en las inscripciones de la Iglesia católica, entre aborígenes esclavos y castellanos en algunos casos unas vez superadas las diferencias de sangre como ocurriera con José de Anchieta por hijo de castellano y mujer guanche
Desgraciadamente, algunos siguen sin enterarse de que un canario no es un español nacido en Canarias, sino un ciudadano con nacionalidad propia que lleva seis siglos sin memoria histórica y el desconocimiento de la etnia de sus antepasados, a causa de una conquista feroz y genocida. Un sentimiento de canariedad que durante medio milenio se ha mantenido oculto, porque desde los tiempos de los Reyes Católicos los isleños que se rebelaban contra los invasores sufrían prisión, tortura y muerte. A causa de esta persecución genocida, muchos han sido los que se han rendido al conquistador. Luego, mediante un proceso perfectamente definido en psicología como el síndrome del colonizado, similar al de Estocolmo, han llegado a ser admiradores de quienes los aplastaron como pueblo. ¿Por eso algunos canarios aman tan fervientemente la españolidad, que, por cierto, cada vez son más?. En una sociedad libre y democrática, donde la respetuosa expresión de las ideas ya no es motivo de persecución, aumentan día a día quienes se atreven a expresar sus anhelos sin los temores de antaño. Son esas aspiraciones las que, de forma pacífica y mediante un diálogo inteligente con las autoridades de Madrid, debían llevarnos a la soberanía, por lo menos a no tanto dependentismo como con el que vemos actúa esa partitocracia que se auto denomina “nacionalista”
Pero ser nacionalista no es tocar el tambor o las chácaras en un estadio de fútbol cuando juega la selección Española. Para eso bastan otras personas y formas diferentes al ser canario. Ser nacionalista significa luchar una lucha pacífica y basada en el diálogo y en el consenso, porque un territorio como el nuestro debe dejar de ser la infame colonia que ha sido y es, y adquiera personalidad propia. Desgraciadamente, los autollamados “nacionalistas” no asumen esa importante tarea cual es la defensa de estos peñascos y de todos los que en ellos vivimos. Los parlamentarios “nacionalistas” que están en Madrid se dedican a la política pura del mercantilismo de cuatro familias y no de la generalidad, mientras que quienes permanecen aquí como diputados en el Parlamento de Canarias se ocupan, ante todo, de expropiar ilegalmente los inmuebles colindantes para estar más cómodos en sus despachos para perpetuarse tras las vergonzosas mentiras del Estatuto que denigran la participación ciudadana, fabricado de espaldas al pueblo soberano escamoteándole una consulta previa, como ya hicieron los andaluces, catalanes y vascos . Pretender crear una policía autonómica totalmente inútil mientras el Archipiélago no sea un país soberano y, sobre todo, de subirse los sueldos en una medida calificada de impopular y desde la marginación más lacerante y absoluta a 500 mil canarios que mal viven bajo el umbral de la pobreza. ¡Cuánto cinismo! O viajar a Cuba, a Cabo Verde para inversiones de la RIC en lugar de con ese fondo para inversiones hacerlo en estas ínsulas creando puestos de trabajo salir de la miseria ese pueblo que pasa hambre con 360 euros mensuales, nuestros congéneres pensionistas ,y todavía esos parásitos se hacen llamar entre ellos señorías. ¡Qué desvergüenza!
En cambio, cuando ese pueblo masivamente cita la euforia futbolística, como ejemplo de la españolidad de estas islas, todos absolutamente todos se sienten y cantan su españolidad Una cosa es el regocijo por los goles en el fútbol, como expresión deportiva noble y otra los sentimientos profundos de un pueblo que hasta ahora ha permanecido en un silencio amordazado pero… no ponen reparo alguno a la hora de calificarnos, a los que procedemos de allende los mares, como “hediondos” godos.
Y como final debemos destacar el ingenio de los canarios al calificar a los foráneos de godos, cuyo vocablo es referido al “invasor” en justa correspondencia y similitud a los “godos” llegados de Escandinavia puede que de Gotland y que atravesaron España por el Norte que se dividieron en visigodos y ostrogodos.
Nosotros decimos: no hay peor godo que el godo canario.
Fidel Campo Sánchez
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