Permítasenos comenzar con el escritor uruguayo Eduardo Galeano:”…la eliminación
sistemática de pueblos y el desprecio de los derechos fundamentales de la
persona son las tragedias que desgraciadamente, aún hoy humillan a la
humanidad”
Existen múltiples posibilidades para que los propios deportistas y
el resto de quienes conforman las delegaciones olímpicas manifiesten en los
Juegos su disconformidad o protesta por la represión del Gobierno comunista.
Lamentablemente a la inauguración asistieron muchos jefe de Gobierno,
aparentemente democráticos, que dieron aldabonazo al gesto capitalista ignorando
la realidad comunista entre los que se encontrará Bush de USA quien se ha
atrevido a calificar a China y a su Gobierno como un país donde se vulneran los
Derechos Humanos, por lo que ante esto, se no ocurre manifestar que sus
paranoias le llevan a que veamos en sus afirmaciones la paradoja cuando, ese
país USA, viene vulnerando todas la leyes internaciones en producir guerras
genocidas y el encarcelar sin mínimas garantías judiciales a presuntos
terroristas en Guantánamo y, además, graves recortes de derechos civiles, por lo
que nosotros consideramos que: Bush y Hu Jintao, son tal para cual.
En las
Olimpiadas de Moscú celebradas en 1980, Estados Unidos y algunos de sus aliados,
como Alemania Federal, Canadá o Japón- decidieron no acudir a la cita deportiva,
como protesta por la invasión soviética de Afganistán. Otros países de la órbita
occidental, como España, se inclinaron por asistir casi en el último momento,.
En las Olimpiadas de Los Ángeles de 1984, el boicot se repitió pero a la
inversa: La Unión Soviética y casi todos los países comunistas no participaron
en los Juegos Olímpicos.Ni mucho menos fueron las únicas, pero ambas olimpiadas
llegaron a reflejar con mayor nitidez la tensión política internacional. Con la
relajación de las relaciones transnacionales y el final de la Guerra Fría, los
eventos olímpicos que han tenido lugar con posterioridad a Los Ángeles 1984 se
han ido desarrollando con normalidad o sin dificultades, de naturaleza política,
dignas de mención. Tampoco parece que Pekín 2008 vaya a ser, en este caso, una
excepción, no sabemos hasta qué punto deberíamos congratularnos por ello.Ocurre
que en China viven en torno a 1.500 millones de personas, a quienes su Gobierno
continúa sin estar dispuesto a conceder libertad de expresión, política,
religiosa o cultural. La liberalización económica y de mercado producida en los
últimos 15 años apenas está siendo acompañada de más garantías en libertades
individuales. Y como les hemos visto actuar hace unos días, China viene
incumplido estrepitosamente el compromiso que adquirió de trabajar a favor de
los derechos humanos cuando en 2001 le fue adjudicada la organización de los
Juegos de 2008. Mención significativa y dolosa merece el drama ininterrumpido,
hasta que pase este evento, que está sufriendo el pueblo tibetano desde que fue
invadido hace casi seis décadas por el ejército comunista chino.Hace casi veinte
años, en la primavera de 1989, las manifestaciones opositoras de Pekín parecían
augurar que el régimen comunista iba a correr la misma suerte que sus homólogos
de la Unión Soviética o de los países de Europa del Este. Pero los inesperados y
trágicos hechos de la plaza de Tiananmen, en los que fallecieron 700 estudiantes
universitarios fruto de la represión del ejército, cortaron de raíz cualquier
movimiento opositor. De todos modos no deja de sorprender que un país de las
dimensiones de China, que lleva avanzando más de una década sin parar hacia un
sistema de neo economía capitalista, que llegará a superar a los Estado Unidos,
siga bajo el control férreo de una burocracia y una elite de corruptos que
continúan legitimándose desde una ideología de origen marxista. ¡Qué
paradoja!Con todo, es justo reconocer el ingenio de los líderes comunistas, por
ser maestros en componer y argumentar principios políticos singulares ante el
resto de los estadistas políticos que se mueven por intereses espurios y
económicos. Recuerden aquello de “un país, dos sistemas”, expuesto por Deng
Xiaoping, que explicaba que Hong Kong y Macao pasaban a soberanía china pero que
los derechos y las libertades que sus ciudadanos gozaban, en tiempos de los
mandatos británico y portugués, respectivamente, se mantendrían intactos.
Estados Unidos y la Unión Europea, en un primer momento, reaccionaron
horrorizados ante los sucesos de la plaza de Tiananmen e impusieron sanciones al
Gobierno comunista. No era para menos. Pero China es también un país influyente
en la escena internacional, además de ser miembro con derecho a veto en el
Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, una injusticia más de esta sociedad
globalizada y que por encima de todo, la apertura del mercado chino acontecida a
inicios de la década de los 90 ha sido contemplada como muy golosa por las
multinacionales de los países desarrollados. El mercado chino ocupará un espacio
cada vez más relevante, en la cartera de clientes o en las fuentes de
aprovisionamiento de las economías occidentales, a las que comerá y situará en
crisis muy graves, pues, se les ha dejado convertir en una gran imperio, que más
tarde o más pronto producirá sus consecuencias y que ya, desafortunadamente
estamos viviendo su comienzo con el cambio económico que están sufriendo las
grandes economías. Siempre quedará la esperanza de que la población evolucione y
logre un cambio político donde primen, además, las libertades
individuales.CONTINUARÁ
Fidel Campo Sánchez